Sergio -como entrenador- y sus hijos Fabricio, Emanuel y Pablo -en el rol de jugadores- comparten equipo en La Liga Federal, en un caso único donde el básquet une generaciones dentro y fuera de la cancha.
En el Club Atlético Urquiza hay apellidos que trascienden generaciones, pero pocos con el peso simbólico y deportivo de los Cabañas. Sergio, director técnico del equipo, y sus hijos Fabricio, Emanuel y Pablo -todos jugadores de La Liga Federal- representan mucho más que una coincidencia familiar: son la expresión viva de una pasión heredada, construida con esfuerzo y sostenida en el tiempo.
La historia comienza con Sergio, quien encontró su camino en el básquet desde muy joven, casi por casualidad.
“Yo jugaba al fútbol, era arquero, pero unos amigos me trajeron al club. Desde ese momento me enamoré del básquet y de la gente de acá”, recordó. Ese vínculo inicial no solo marcó su vida deportiva, sino también su identidad: Urquiza se convirtió en su casa y el básquet, en su forma de vida.
Con el paso de los años, esa pasión evolucionó hacia la conducción técnica. Inspirado por referentes como Oscar Guzmán, Sergio encontró en el rol de entrenador una nueva manera de transmitir valores.
“Me motivó la pasión que él nos transmitía. Desde ahí empecé a formarme, a capacitarme y a enseñar este deporte”, explicó.
Esa vocación no tardó en trasladarse al ámbito familiar. Sus hijos crecieron prácticamente dentro de una cancha, acompañándolo en entrenamientos, viajes y competencias. La primera en vincularse al básquet fue su hija Romina, quien también transitó sus pasos por este deporte. Luego llegó Fabricio, el mayor de los varones, y con él se consolidó una herencia que se extendió naturalmente a Emanuel y Pablo.
“Desde muy chiquitos estuvieron siempre a mi lado, compartiendo todo lo que implica este deporte”, recordó Sergio.
Fabricio, el mayor de los varones, fue quien continuó en absorber ese legado.
“Lo vivo desde muy chico, con una pasión muy grande. Es algo que siempre estuvo en nuestra vida”, contó. Su formación lo llevó incluso fuera de la provincia, sumando experiencias en clubes como Ausonia y dando el salto a Neuquén en plena adolescencia. Hoy, compartir equipo con su padre tiene una particularidad que Fabricio tiene bien definida:
“Dentro de la cancha es el técnico, afuera es mi papá”. Esa separación de roles, lejos de ser una dificultad, se transformó en una herramienta clave para su crecimiento profesional.
La historia familiar también tuvo capítulos únicos, como aquella final en la que padre e hijo se enfrentaron desde veredas opuestas. Sergio lo recordó como uno de los momentos más intensos de su carrera:
“Fue apasionante. Como entrenador quería ganar, pero también me sentía feliz por él”. Aquella noche, Fabricio fue determinante y se quedó con el título, en una escena donde el orgullo familiar superó cualquier resultado.
Para Emanuel, el segundo de los hermanos, el camino estuvo marcado por el ejemplo.
“Aprendí mucho de Fabri, sobre todo el esfuerzo que implica ser jugador. No es solo jugar, es representar a un club”, afirmó. Con el tiempo, las diferencias de edad se fueron acortando y hoy el vínculo dentro de la cancha es más equilibrado, consolidando una dinámica de equipo que también se traslada a lo familiar.
Pablo, el menor, vive el presente con una emoción especial. Compartir plantel con su padre y sus hermanos en La Liga Federal es, para él, una experiencia única:
“Es una sensación hermosa. Sabemos que en algún momento cada uno hará su camino, pero esto nos va a quedar para siempre”. Fuera de la cancha, el básquet sigue siendo protagonista. Las charlas post partido, los análisis y hasta las discusiones forman parte de la rutina familiar, siempre atravesadas por el respeto.
“Siempre hay algo para decir, pero al final del día seguimos siendo familia”, resumió Pablo.
Lejos de imponer su voz, Sergio destaca un valor central en la dinámica familiar: el diálogo.
“Siempre les inculqué que opinen, que expresen lo que sienten. No siempre la última palabra la tengo yo”, sostuvo. La familia Cabañas no solo comparte un deporte, sino una forma de entenderlo. En Urquiza, donde todo comenzó, hoy escriben juntos un capítulo que combina historia, presente y proyección. Porque cuando la pasión se hereda, el básquet deja de ser solo un juego y se convierte en identidad.
Fuente: Prensa Urquiza de San Juan