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Santander: el análisis de Tokio y lo que se viene en Venezuela

Jueves, 12 de Agosto de 2021 / Publicado en Argentinos en el exterior, El Alma Argentina, Entrevistas, Selección Mayor, Tokio 2021
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El principal asistente de Sergio Hernández reflexiona sobre su experiencia en los Juegos Olímpicos, habla de las expectativas que tiene tras cerrar en Guaiqueríes y cuenta parte de su lado B como DT y persona.

"Trabajar en la Selección, y puntualmente con Sergio, es como un posgrado". La frase cobra aún más valor teniendo en cuenta que viene de un consagrado, de nada más ni nada menos que el director de orquesta del último campeón de la Liga Nacional. De la misma manera que lo hace en la previa de cada partido de Argentina con Oveja, el impulsor del Método CAB se explaya con tono ameno pero conciso, utilizando la cantidad justa de palabras y limitándose a brindar la información necesaria. Es que, si bien cada uno de los entrenadores del seleccionado cumple con funciones imprescindibles, Santander lleva a cabo una tarea particularmente esencial: hacer de nexo entre el head coach y el resto del cuerpo técnico. La producción del equipo en la cancha, tiene su punto de partida en la eficiencia de esta comunicación.

Mientras los clubes de nuestra primera categoría comienzan a definir sus planteles para la siguiente temporada, Silvio se prepara y enfoca en lo que será su tercera experiencia en el extranjero, esta vez al frente de Guaiqueríes de Venezuela, donde verá acción a partir de octubre en un certamen con -probablemente- 19 competidores y tres meses de duración. El experimentado DT, campeón nacional con Quimsa y San Lorenzo y sudamericano con Regatas, viajará en septiembre hacia la Isla de Margarita para tomar el mando de La Tribu, institución que llegó a la final de la última Superliga venezolana y que participará también de la Liga Sudamericana.

El primer asistente de la Selección atendió el llamado de Prensa CAB para repasar sus sensaciones acerca de los últimos Juegos Olímpicos, comentarnos las expectativas de su nuevo desafío internacional y hasta dejar en claro el sueño europeo que persigue hace tiempo. A sus 49 años y desde la comodidad de su hogar tras la estadía en Tokio, nos encontramos con un Santander relajado, íntimo, dispuesto a hablar de básquet, pero también a contarnos sobre sus metas, sus pasatiempos, familia, sus sentimientos por la despedida del Gran Capitán y su admiración por Sergio Hernández, con quien trabaja desde 2015 en el combinado nacional.

-Hace días culminaron tus segundos Juegos Olímpicos. ¿Cómo estás transitando este "recreo" luego de tan intensas jornadas? ¿Qué se sintió haber representado otra vez a la Argentina en un evento de esa magnitud?
-Estoy bien y muy contento por la experiencia vivida, tratando de ordenarme en relación al trabajo realizado junto a mis compañeros del cuerpo técnico y los jugadores, y evaluando lo transitado durante el torneo y la preparación previa. Representar al país es lo más fuerte que le puede pasar a un entrenador o un atleta, y hacerlo en un Juego Olímpico, que es el torneo máximo al cual uno puede aspirar, es emocionante y sumamente gratificante desde todo punto de vista.

-¿Cómo fue la convivencia de la delegación durante esas largas cinco semanas entre Las Vegas y Tokio? Esta vez, al menos, pudiste alojarte en la Villa Olímpica.
-(se ríe) Sí, esta vez me tocó estar dentro de la Villa, mientras que en Río entraba y salía. Compartimos un tiempo excelente, así como fueron los 60 días de la previa y el desarrollo del Mundial de China. Sergio (Hernández) tuvo la capacidad de liderar un grupo que, desde el primer al último día, mantuvo el mismo ánimo de trabajo, el mismo deseo por querer hacer las cosas de la mejor manera y un cálido clima de convivencia.

-¿Cómo valorás el aporte de Pablo Prigioni al cuerpo técnico? Entendiendo su dedicación, experiencia y conocimiento.
-Así es, se adaptó sin ningún problema. Su aporte fue muy enriquecedor porque nos transmitió todo lo que él vive día a día dentro de ese mundo aparte que es la NBA. El lugar que le dio Sergio, para que pueda tener participación en los entrenamientos y opiniones en largas mesas de debates y charlas, fue valiosísimo para nuestro cuerpo técnico.

-¿Hubo tiempo para disfrutar de todo lo que los rodeaba, de distenderse y compartir? ¿O debieron abocarse al trabajo prácticamente en todo momento?
-Tuvimos nuestros momentos para distendernos, pensar en otra cosa, charlar, escuchar música, lo normal en cualquier equipo de trabajo. Por supuesto, le dedicamos muchas horas de laburo porque había que contemplar entrenamientos, traslados, sesiones de videos, sesiones individuales, gimnasio, partidos. Hubo algunos instantes de distracción, pero siempre con la responsabilidad de hacer lo que debíamos cada día.

-Contanos sobre la distribución de tareas dentro del cuerpo técnico.
-Mantuvimos la dinámica que manejamos desde 2017: Juan Gatti se encarga del análisis individual de los rivales, Maxi Seigorman de su análisis colectivo, Gabriel Picatto de las estadísticas avanzadas e interpretación de datos, mientras que yo me encargo del análisis de nuestro equipo y recibo toda la información de mis compañeros para filtrarla y transferirle a Sergio lo que él necesita. Además de eso, todo lo que hacemos en cancha con los trabajos individuales que los jugadores van necesitando y la participación a la hora de llevar adelante los entrenamientos, con el liderazgo de Sergio quien tiene siempre la decisión final.

-Aquellos Juegos de Río 2016 fueron el último de Manu (más tarde se supo que también Chapu abandonaba), y en este tocó despedir a un Luis Scola entre lágrimas. ¿Los sentimientos fueron similares? ¿Cómo viviste ese momento?
-Ginóbili y Scola son dos de los mejores jugadores de la historia del básquet FIBA, y dos de los más grandes embajadores de nuestro país. Fueron situaciones muy distintas, porque Manu pudo despedirse en Brasil, con gente en la cancha y todo lo que eso implicaba, y Luis lo hizo junto a unos pocos. Pero realmente lo que vivimos en Tokio con él fue estremecedor. Verlo conmovido, observar el respeto de todas las partes al parar el juego, que los árbitros no tengan apuro en continuar, los rivales aplaudiendo de pie, saber que estaba poniéndole punto final a una carrera increíble… Luego llegar al vestuario para una despedida privada y muy íntima como fue la de Luis, es un momento que todos los que estuvimos presentes vamos a recordar siempre.

-¿Recordás alguna anécdota que puedas contarme sobre los Juegos de Tokio 2021?
-Soy malo con esas cosas, pero sí puedo comentarte sobre el muchacho japonés que nos recibía y acompañaba en los traslados. El tipo se ponía un disfraz y actuaba como un personaje de Dragon Ball. A los jugadores les causó mucha gracia los primeros días, pero a lo último ya no queríamos verlo más, jaja. Era divertido verlo hacerse pasar por Goku camino al estadio.

-¿Y qué balance hacés desde lo deportivo?
-Sobre el balance del equipo le toca hablar a Sergio, es lo que corresponde. Pero como balance general del torneo, pudimos observar la importancia que tiene la calidad de ejecución en cada gesto técnico de los protagonistas, el elevado ritmo con el que se juega y cómo el tiro de tres puntos es el indicador más relevante en cada jornada. Hoy se juega a una velocidad cada vez mayor y el lanzamiento abre espacios necesarios para el desarrollo de cada acción. Lo que estaba preestablecido en cuanto a posiciones, el básquet actual lo desestabilizó, mostrando una tendencia y evolución en la búsqueda de jugadores versátiles, con la mayor cantidad de recursos posible y con puntos en sus manos. No obstante, hubo lugar para que algunos equipos sigan jugando el básquet FIBA tradicional y bien ejecutado como lo hicieron, por caso, Francia o Eslovenia.

-¿Qué jugador o jugadores te impactaron?
-Hubo tres jugadores que, aunque ya los habíamos enfrentado, me sorprendieron. El primero es Doncic, que está en su prime, es el jugador FIBA más dominante y va camino a ser de los mejores del mundo. Nuevamente, me impactó Patty Mills, porque entendió perfectamente cómo adaptarse durante años al sistema de los Spurs, pero también al de Australia. Y, por último, me parece que Kevin Durant muestra que, estando en plenitud física, tiene un nivel superlativo.

-Pasemos a tu nuevo destino: Venezuela. ¿Qué te sedujo del llamado de Guaiqueríes de Margarita?
-Me atrajo que el equipo sea uno de los históricos de Venezuela, que tenga roce internacional con la Liga Sudamericana y que me permita, luego de estos próximos 90 días fuera del país, regresar en diciembre con ritmo de competición. Yo ya había estado en Venezuela y México, y me parece interesante en este momento de mi carrera volver al ruedo internacional.

-Si bien el club no obtiene un título desde 2007, Casalánguida dejó la vara alta al llegar hasta la final del último torneo ante Trotamundos. ¿Creés que podrás darle tu impronta al equipo? ¿El objetivo es el campeonato?
-Llevo vistos más de 20 partidos del equipo, prácticamente toda su última temporada. Voy teniendo una idea de cómo me gustaría jugar, pero el mes de pretemporada me ayudará a terminar de conocer desde dentro el plantel. Ahí me demostrarán qué estilo de juego les sienta cómodo y yo los acompañaré. No quiero ir a imponer, sino más bien a tratar de adaptarme a las características y herramientas que ellos ya posean. Sé perfectamente que la dirigencia está buscando formar un equipo protagonista tanto de la competencia doméstica como de Liga Sudamericana, e intentaremos contribuir para que eso ocurra.

-Venís de ser campeón de la LNB con San Lorenzo, y eso posiblemente genere expectativas en dirigentes y fanáticos de La Tribu. ¿Eso te sugiere algo de presión?
-Siento que debemos convertir la presión en desafío, intentar vaciarnos y hacer todo lo que está en nuestras manos en cada entrenamiento y partido. Si eso se cumple, la tarea está hecha. Luego, ganar un título o incluso un playoff es muy difícil porque inciden otros factores, pero hay que estar tranquilo con lo que uno da.

-Tu último post de Instagram se trata de un libro sobre la globalización de la NBA, anteriormente publicaste sobre el del tenista en silla de ruedas Gustavo Fernández y otro de Lionel Messi. ¿Tu principal hobby es la lectura? ¿Tenés algún otro pasatiempo?
-Me gusta escuchar música en general, pero sí, la lectura es mi verdadero hobby. Intento leer un libro por mes, no sólo del ámbito deportivo sino también abrir un poco el espectro. Hace poco leí uno que se llama “Amplitud”, me pareció una genialidad. También me sorprendió “Los fuera de serie”, y “Open” (la historia de Andre Agassi) es una maravilla. Tengo más de 100 libros en casa, me gustan todos (se ríe).

-¿En qué momento personal y familiar te encuentra este nuevo compromiso?
-En el mejor momento, de plenitud familiar y social. Tengo mi familia constituida por cuatro hijos y mi esposa Laura, quien está ejerce como psicóloga. Entre todo lo que hizo para acompañarme, lo cual valoro enormemente, también se pudo recibir. El mayor de mis hijos es Manuel, de 19 años, quien ya empezó el Profesorado de Educación Física y también está haciendo el curso de ENEBA para ser entrenador de básquet. Le siguen Lautaro y Tomás con 17 y 16 años respectivamente, y la más chica y dueña de la casa es mi hija Victoria de 11.

-Comenzaste tu trayectoria profesional a tus 30 años en el TNA dirigiendo a Echagüe de Paraná. El próximo enero cumplirás 50, pasaste por muchos equipos y estás en Selección. Guardás cientos de credenciales de cursos, giras y torneos en los que participaste. ¿Qué etapa sentís que estás atravesando actualmente en lo profesional?
-Creo que los entrenadores estamos en una búsqueda constante de evolución, no nos podemos quedar detenidos mirando hacia atrás, y hoy me encuentro recorriendo ese camino. Tengo un sueño que es trabajar en Europa, me estoy preparando para eso hace tiempo y no me rindo en la idea de que se pueda presentar la oportunidad. Creo que siempre hay que tener clara la meta de ser un poco mejor día a día, para que tus equipos puedan recibir con mayor calidad cada uno de los mensajes que vas dando, y perseguir este objetivo permanente de ir a los mejores lugares. Siento que la vida va también por ese lado, por el crecimiento continuo y el querer alcanzar objetivos.

-Supongo que tus años en la Selección vienen siendo una especie de curso acelerado de básquet en ese camino…
-Sí, trabajar en la Selección, y puntualmente con Sergio, es como un posgrado. Es una bendición que uno tiene como entrenador, porque permite ver de primera mano la excelencia y trabajar con jugadores que están en las mejores ligas del mundo. Sergio es uno de los cuatro entrenadores más importantes de la historia en cuanto a partidos disputados en Mundiales y Juegos Olímpicos, es un dato tremendo que me dio Julio Lamas hace unos días y me quedó grabado. Entonces, estamos hablando de un coach que es súper respetado en el mundo, y poder acompañarlo es un honor y algo muy fuerte para mí.

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