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Partidos memorables: Argentina vs. Serbia y Montenegro 2004, la palomita de la revancha

Martes, 06 de Julio de 2021 / Publicado en Efemerides, El Alma Argentina, Entrevistas, Selección Mayor
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Hoy recordamos uno de los partidos más emblemáticos de la Generación Dorada. El desquite de la final mundialista, la definición icónica de Manu Ginóbili y el inicio del camino al oro, contado por Chapu Nocioni.

Con la espina clavada de la final de Indianápolis 2002, Argentina viajó a los Juegos Olímpicos de Atenas 2004 con un primer objetivo: tomarse revancha de su verdugo. Y las postales de aquella tarde griega no podrían ser más perfectos, en un partido sufrido que se definió con una de las jugadas más icónicas de la historia del básquet nacional. Sin saberlo en ese momento, aquella jugada agigantaría su magnitud y quedaría para siempre en la memoria gracias al desenlace de la aventura argentina.

“Serbia (y Montenegro) era uno de los rivales más peligrosos, por eso se festejó de esa manera. También un poquito por el rencor que había quedado guardado del Mundial. Ya desde que nos había tocado contra ellos en el sorteo se hablaba de esa revancha o desquite. Era un partido atractivo desde lo emocional. No era otra final del mundo, pero era el inicio de un camino olímpico, y en las olimpiadas los resultados son importantísimos. Todos los partidos cuentan”.

Andrés Nocioni, símbolo de la Generación Dorada, recuerda cómo fue el debut de la Selección en aquellos Juegos Olímpicos en los que el básquet argentino consiguió su corona de laureles, con una camada de jugadores que logró trascender y resaltar por siempre en la historia de nuestro deporte.

En su charla con Prensa CAB, el Chapu revivió el choque ante Serbia y Montenegro, rival que los había vencido en la final del mundo dos años atrás. Además, detalló cómo fue la preparación para ese torneo y de qué manera influyó ese triunfo en el camino hacia el oro olímpico, sin olvidar el emblemático tiro de palomita que encestó Manu Ginóbili mientras sonaban las bocinas del estadio Olímpico de Atenas, que produjo el estallido de millones de gargantas argentinas en desahogo por aquella final perdida injustamente en Indianápolis 2002.

-Buscando en el archivo me sorprendió encontrarme con que no llegaban del todo bien a Atenas 2004. Habían hecho una gira por Europa en la que fueron muy irregulares, por resultados pero también por rendimiento. ¿Qué te acordás de esa preparación?

Es cierto, no llegamos bien. Hubo muchas distracciones en esa preparación. Yo fiché con los Bulls y me tuve que ir a Chicago, abandoné la convocatoria unos días. Digamos que no llegué de la mejor manera, lo digo en lo individual, no estaba tan enfocado como debería. La preparación fue dura y no terminamos cerrándola bien, no se nos dieron los resultados. Igual el equipo sabía a qué iba. En nuestra cabeza estábamos 100% metidos en lo que se venía. Habíamos jugado en España y Serbia, si no estoy errado. Pero en sí, las preparaciones no fueron buenas durante mucho tiempo. Llegando al torneo siempre íbamos ajustando y mejorando. En este caso llegamos un poco peor. Hubo algunas dudas de parte del periodismo sobre cómo íbamos a rendir, pero sabíamos que teníamos un muy buen equipo y que competir no es lo mismo que jugar un amistoso. Estábamos más maduros, conocíamos el escenario por lo que había sido el Mundial un par de años atrás.

-Imagino que estaban ansiosos por ese debut ante el rival que les quitó el título del mundo unos años antes. Además se conocían entre ustedes, muchos habían compartido equipo con ellos en Europa.

Los conocíamos a todos. No era el mismo equipo porque ellos pasaron de ser Yugoslavia a Serbia y Montenegro. Esa división hizo que cambien un poco el plantel, aunque la base era parecida. Se lo veía un poco como revancha. Sobre todo en el ambiente, la gente lo tomo más así. Eso sirvió como extra motivación para sacar un poco más de cada uno.

-Antes de entrar en detalles del partido, ¿lo volviste a ver alguna vez?

No lo vi nunca más, no soy de ver los partidos que pasaron. El triunfo contra Estados Unidos en Indianápolis lo volví a ver después de mucho tiempo por un programa de ESPN que se llamaba En Primera Persona. Hay gente que graba los partidos y los mira mil veces. Yo no soy de esos. De hecho hay muchas cosas que no me acuerdo.

-¿Te acordás un poco de cómo empezó el partido? Con Manu encendido, metiendo 17 puntos en el primer cuarto y Argentina sacando diferencia de 12.

Arrancamos muy fuerte, con Manu jugando muy bien. Es un jugador distinto que puede hacer esas cosas tanto en el desarrollo como en el cierre de un partido. Además venía en un muy buen momento. Debemos haber jugado el mejor básquet en toda la preparación en ese primer cuarto. Ya en el segundo empezamos a dudar y a jugar como lo veníamos haciendo, hay que decirlo, y nos emparejan en el tercer cuarto. Me acuerdo que (Vladimir) Radmanovic nos castigó con el triple. Serbia jugó un partido muy serio, es más, llegamos a un final muy parejo, pero con una leve ventaja de ellos.

-Radmanovic también te castigó a vos, con un codazo por la espalda en el último cuarto que se ve totalmente intencional y no le dan flagrante.

La verdad que no me acuerdo. Sí recuerdo que fue un partido muy físico, y es posible que algo así haya pasado, pero no me acuerdo de ese codazo.

-Hablando de juego físico, sufrieron bastante el problema de faltas durante el partido. Luifa y Oberto llegaron a cinco sobre el cierre y lo tuvieron que ver desde el banco.

Es cierto. Fue un partido friccionado, con mucha tensión. Por eso las faltas, los roces. Éramos dos equipos serios que aspiraban a mucho. De Serbia se esperaba más en ese torneo, quedaron afuera en fase de grupos. No estuvieron a la altura de lo que se esperaba de ellos, pero en ese primer partido tenían a todos sus cracks que generaban inquietudes.

-Sobre la jugada final. ¿Qué recordás? Abajo por uno tras el libre de Dejan Tomasevic, vos sacando de fondo…

Me acuerdo que lo cortamos con falta a Tomasevic porque tenía un porcentaje de tiros bastante malo. Nosotros lo sabíamos porque habíamos jugado con él. Lo cortamos en una jugada que agarra la pelota cerca del aro, con el partido empatado. Erró el primero, metió el segundo, pero nosotros no teníamos minuto. Entonces yo agarro la pelota y lo primero que hago es pasársela al base, que era el Puma (Montecchia). Él corre la cancha, lo ve a Manu adelantado, se la mandó y pasó lo que pasó. No fue una jugada muy planificada, salió por instinto. El pase del Puma es muy bueno también, que es algo de lo que no se habla mucho. Mirá si le salía tirar un triple. Después está toda la calidad de Manu para definir una jugada así.

-Y Manu dijo varias veces que le salió de suerte.

Yo no creo que sea así, ya que la tira con tablero dado que él se pasa un poquito de largo con el cuerpo y se acomoda para la zurda. Yo pienso que la tira así. Dice que fue suerte, pero me parece que fue calidad y magia de un jugador distinto.

-¿No le hacen foul a Manu cuando tira la palomita?

En ese momento había una teoría de los árbitros de dejar jugar. Pasó en Indianápolis. Dejaban jugar y que el jugador defina, siempre que la falta no sea tan clara. Por eso mismo se dio un juego tan friccionado. En esa jugada, al haber un leve roce, en un juego que se había dado de esa manera, no lo consideraron falta.

-Después vino la locura, todos encima del cinco mientras los serbios protestaban. ¿Se festejó más por el jugadón que salió o al rival al que se le ganó?

Se festeja porque creo que ese partido es el que da el puntapié a lo que termina pasando ese torneo. Fue muy importante ganarle a un equipo como era Serbia en ese momento, que se lo consideraba candidato. Eran más que España, aunque en ese torneo demostraron el potencial que tenían. España queda afuera en cuartos contra EEUU sólo porque Shawn Marion tocó lo varita y les hizo 33 puntos. Serbia era uno de los rivales más peligrosos, por eso se lo festejó de esa manera. También un poquito por el rencor que había quedado guardado del Mundial. Ya desde que nos había tocado Serbia en el sorteo se hablaba de esa revancha o desquite. Era un partido atractivo desde lo emocional. No era otra final del mundo, pero era un debut olímpico, y en las olimpiadas los resultados son importantísimos, todos los partidos cuentan.

-De hecho, un par de días después juegan contra España y les toca perder. Incluso no terminaron de la mejor manera esa fase de grupos, quedaron terceros.

Sí, ellos jugaron muy bien. Se venían superando y nosotros volvimos a jugar como en la preparación, no de la mejor manera. No fue nuestra mejor fase de grupos, no jugamos bien. A Nueva Zelanda le ganamos por cuatro, muy ajustado, perdemos con Italia y bueno, a China le ganamos bien, pero era lo esperado.

-Igualmente ese triunfo con Serbia les sirvió desde la confianza para cerrar partidos. ¿No?

Sí. El triunfo con Serbia en el debut sirvió, pero creo que en el juego no brillamos en ese torneo. Significó arrancar con el pie derecho en un torneo muy exigente. Pero hay que ser realistas. Me parece que la diferencia con Indianápolis es tremenda en lo que respecta a calidad de juego. Lo que pasa es que fuimos más quirúrgicos en los momentos justos, como vos decís. Ese primer partido quedó para la historia, no sólo por el triunfo sino por la palomita de Manu.

-Creo que, si le preguntas a cada argentino que vio el partido, todos se acuerdan lo que estaban haciendo cuando Manu hizo la palomita.

Totalmente, son esos momentos que no se olvidan nunca más. En Argentina había mucha expectativa por ese partido y por el equipo que teníamos. Se nos había considerado como grandes favoritos a conseguir una medalla. Se le había dado mucha manija al asunto. Que pase eso y justo en el primer partido hizo que la gente se entusiasmara y el básquet se siga mucho más.

-Además marcó a toda una generación de chicos que lo miramos por la tele y después soñamos con ser como ustedes. Incluso marcó a muchos de los jugadores que hoy están en la Selección.

Sin dudas. Es un partido emblemático que queda dentro de un contexto gigante como esos Juegos Olímpicos y la medalla de oro que se logró. Es una página más de esa historia y va a quedar por siempre en ese lugar.

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