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Gonzalo Corbalán: “El Mundial U19 me cambió la vida”

Jueves, 09 de Septiembre de 2021 / Publicado en Argentinos en el exterior, Entrevistas, Formativas
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El chaqueño, autor del recordado triple que le dio el triunfo a la Argentina sobre Turquía, relató su historia y la experiencia que tuvo en Estados Unidos. Ahora cambió: fichó en el San Pablo Burgos de España.

El 7 de julio pasado, Gonzalo Corbalán brilló ante los ojos del mundo. Cayendo por un punto ante la poderosa Turquía, con cuatro segundos por jugar, el chaqueño recibió la pelota, esquivó rivales y arrojó al aro la última esperanza argentina de avanzar a cuartos de final. Un bombazo sin precedentes estalló en las redes del Riga Olympic Center de Letonia y metió a la Selección U19 de Daniel Farabello entre los ocho mejores del Mundial juvenil. Con sólo 19 años, el formado en Villa San Martín tocó el cielo con las manos. El video de aquella corrida, conversión y festejó se viralizó por el mundo hasta llegar a miembros de la Generación Dorada y al plantel de la Mayor, que observó el partido y festejó el triunfo en la preparación olímpica en Las Vegas.

Tras ese momento inolvidable, la vida de Gonzalo cambió para siempre. Tras formarse en Estados Unidos, el hermano menor de Juan Pablo, jugador de Riachuelo en la Liga Nacional, recibió varias ofertas para iniciar su carrera como profesional, y terminó aceptando la propuesta del San Pablo Burgos de España. En su charla con Prensa CAB, Corbalán reconstruyó su historia, contó su experiencia en Norteamérica, y se ilusionó reflexionando sobre sus metas deportivas.

-¿Cómo inicia tu historia ligada al básquet? Imagino que tu padre, Jorge Corbalán, habrá tenido mucho que ver.

-Sí, es totalmente de familia. Mi viejo jugó toda su vida al básquet. En la región lo conocen mucho porque jugó en Regatas y ascendió allí a la Liga Nacional en 2004. Mi tío y mi abuelo también jugaron, y obviamente mi hermano (Juan Pablo). Se podría decir que nací con una pelota naranja bajo el brazo. Desde chico siempre fui un loquito del básquet, de esos que se quedan hasta tarde jugando. Cuando yo tenía 4 ó 5 años mi papá todavía jugaba y con Juampi aprovechábamos mientras él se comía un asado para quedarnos tirando hasta la 1 de la mañana ahí en el Villa San Martín, el club de mi familia. A veces volvíamos a las 3 a casa y seguíamos jugando allá.

-¿Te acordás cuándo fue que empezaste a pensar en el básquet como tu futura profesión?

-Siempre quise jugar al básquet, pero cuando me decidí tenía 13 años. Una vez que noté que me daba el físico y sabía que tenía el apoyo de mis viejos, no lo dudé. Lo definí a la par de mi hermano, quien creo que estaba por cumplir 17. Empecé a meter muchas horas de entrenamiento, aunque a veces la escuela me complicaba. Mi viejo vio las ganas que tenía y empezó a entrenarme más fuerte. Mi sueño siempre fue llegar a la NBA, de chico era lo único que decía, pero me definí una vez que arranqué a competir y veía que podía sacar una diferencia.

-Después viene la chance de ir a estudiar a Estados Unidos. ¿Cómo se te dio la oportunidad?

-Tenía 16 años cuando me fui. Mi papá tenía un contacto allá, que en primera instancia era para mi hermano. Querían mandarlo a una universidad, pero él estaba cómodo en Regatas y se quedó. Mi viejo le dijo a su contacto que tenía otro hijo que también está loco por el básquet, así que fuimos en diciembre de 2018 a ver una escuela, me gustó y me fui. El colegio se llama Las Cruces High School y está en Nuevo México. Por suerte una familia de un chico que jugaba conmigo me hospedó, me preguntaron si quería quedarme con ellos y dije que sí. Menos mal porque fue todo una locura, no tenía dónde parar todavía. Además, no hablaba inglés. Fui aprendiendo de forma muy cavernícola. Aprendí mucho escuchando y viendo, viviendo el día a día. Empecé en lo que sería cuarto año, hice dos años y terminé la secundaria ahí.

-¿La secundaria en Estados Unidos es mucho como vemos en las películas, o cómo lo describirías?

-Es muy como las películas. De hecho me cansé de decir “ah, esto como en las películas”. Mis amigos ya estaban acostumbrados a que lo diga, pero para ellos es la vida cotidiana, lo normal. Fue fuerte el impacto social los primeros meses. Yo venía del Chaco, que no es justamente la provincia más grande de Argentina. Después me fui dando cuenta de las comodidades que tenía. La experiencia de hacer el colegio allá es muy buena, lo recomiendo siempre a quien puedo.

-¿Extrañaste mucho a la familia mientras estuviste allá?

-Sí, creo que eso fue lo más difícil. Era muy chico cuando me fui y nunca había estado fuera de casa. Por suerte me rodee de gente muy buena en los primeros meses. Esa familia que me recibió allá me ayudó mucho. También tuve un tutor que me daba una mano. Al principio se extrañaba mucho, más en las fiestas, que es donde más pegaba. La Navidad y el año nuevo allá son muy diferentes, no se junta toda la familia como hacemos nosotros. Encima venir para acá era imposible por los precios de los pasajes.

-¿Y en lo deportivo? ¿Cómo te fue en la secundaria?

-El último año salimos campeones del torneo estatal, que es el más importante que se juega en las escuelas. Fue todo en cuarentena, así que fue muy raro. Esa final fue lo último que se jugó antes de que cerraran todo. No pudimos celebrar el campeonato, que es algo que generalmente se festeja mucho en la escuela. Bueno, como las películas, el famoso campeonato estatal. Lamentablemente no lo pude vivir por la cuarentena. Además, generalmente van todos los scouts de las universidades a la final, pero como no permitieron que ingresen se me hizo más difícil que me vean. Igual recibí ofertas y acepté la de Texas Tech. University. Visité la universidad y me pareció una locura.

-Ahí comenzaste con esa etapa de estudiar y jugar a un nivel muy exigente. ¿Lo pudiste disfrutar?

-Sí, aunque no fue fácil. En el colegio con aprobar te alcanza. En la universidad tenés que entender y rendir bien para saber, no para aprobar. Por suerte el idioma ya estaba más aceitado. Hice un año de la carrera Marketing y Negocios. No tuve malas notas, aprobaba todo. En cuanto a lo deportivo tuvimos una temporada histórica para la universidad. Ganamos los primeros 15 partidos, en lo que fue el mejor arranque que tuvo la institución en su historia. Salimos campeones de la conferencia, que es una de las más duras de la División II de la NCAA. Esa conferencia abarca todo Texas, que suele ser el mejor estado en cuanto a deportes, Oklahoma, Nuevo México y casi todo el centro del país.

-Después del Mundial decidiste ponerle fin a tu etapa universitaria para unirte a San Pablo Burgos en España. ¿A qué se debe la decisión?

-Mi sueño siempre fue ser profesional, y estando en USA, jugando en la División II de la NCAA, no me veía cerca de lo que yo quiero hacer. Fue una decisión difícil porque allá tenía mucha gente que me apoyaba. No entendían por qué decidí irme. Allá me pagaban la carrera, tenía todas las comodidades que quería. Pero llegar a ser profesional iba a ser muy difícil. A menos que juegues la División I, donde hay proyectos NBA, tienen sponsors y de todo, no es fácil llegar al profesionalismo. A veces en la universidad los aprueban sólo porque juegan al básquet. En la División II se va más por el estudio, por conseguir una beca que te permita formarte gratis y tener un título universitario.

-Esa convocatoria para la U19 fue tu primera experiencia en una Selección en toda tu vida. La mayoría de los pibes ya venían jugando en U18, o tenían experiencia en otras formativas. ¿Cómo fue para vos ingresar al Cenard por primera vez y prepararte para representar a tu país?

-Fue algo muy fuerte, porque siempre veía los videos de los chicos entrenando en el Cenard. Hasta mi hermana, que fue seleccionada en atletismo, había estado ahí. Una vez la llevamos incluso, y me quedaron unas ganas increíbles de entrar. Creo que tampoco se me había dado antes porque estaba en Estados Unidos y eso complica las cosas. Una vez me citaron para un torneo que se hacía en Alemania, pero yo no podía viajar porque estaba en competencia. Por eso fue muy especial entrar en esta convocatoria. A algunos de los chicos los conocía de los Campeonatos Argentinos de cuando teníamos 13 o 14 años, pero no sabía cómo jugaban. Pasó mucho tiempo. Entre ellos la mayoría se conocían porque venían jugando juntos. Por suerte ya había un grupo muy lindo y me acoplé a ellos. Hoy los que estamos en España hablamos mucho para juntarnos y vernos cuando vamos a jugar a la ciudad del otro. Me hice muchos amigos y eso es lo más lindo.

-Yendo a lo que fue el Mundial, es increíble la cantidad de emociones que vivieron. Ya desde entrada, con ese partido que perdían por 17 ante España y terminan ganando.

-Sí, ese partido fue algo inolvidable. Yo fui el último cambio, entré en el segundo cuarto, y ya perdíamos por 17. Estaban todos los chicos bajoneados, veíamos venir las críticas y todo lo que se iba a decir de nosotros. Fuimos remontando muy de a poco, pelota a pelota, hasta que nos volvieron lo ánimos. Por suerte erraron ese último tiro y ganamos. España era candidato a ser campeón. No podíamos creer que lo habíamos remontado. Fue una locura. Ese fue mi primer partido con la Selección, no me lo voy a olvidar más.

-Y el partido con Turquía en octavos tampoco te lo vas a olvidar, me imagino. Jugaste un partidazo y encima metiste un bombazo para ganar el partido que recorrió el mundo.

-Uf, ni hablar. Habíamos quedado terceros en el grupo y nos tocó un rival pesadísimo. Turquía venía de ganar el U18 de Europa con la camada que estaba en el Mundial. Eran los mejores de su continente. Físicamente eran unas bestias. Nosotros entramos a cara de perro a hacer lo que sabemos y lo fuimos llevando. En lo individual creo que hice un buen partido. Pude atacar, asistir y ayudar al equipo a defender. Fue el partido ideal, uno de esos días en los que entra todo, hasta esa última pelota. Faltaban cuatro segundos y reponíamos de fondo, no sé ni cómo llegué hasta el otro lado. Entró y listo. No tengo idea de cómo, pero entró.

-¿Qué te pasó por la cabeza cuando la viste entrar?

-Me mandé a correr. No sabía ni lo que estaba haciendo. Después del partido me llamó mi hermano y me preguntó por qué fui a abrazar a un pelado con traje que había en la esquina de la cancha. No tengo ni idea. Salí a correr como un loco hasta que cayeron todos mis compañeros y el cuerpo técnico a abrazarme. Qué se yo, para mí todavía estábamos durmiendo la siesta antes del partido, y de repente estaba ahí. Una locura.

-¿Y cuando viste toda la repercusión que se generó? El plantel de la Mayor viendo el partido en Las Vegas, los saludos de la Generación Dorada. Debe haber sido un sueño.

-Fue tremendo. Encima teníamos un día de descanso después del partido, así que lo vi todo. Me pegué al teléfono y me puse a leer mensajes. Vi el video del Oveja Hernández con Scola y Prigioni reaccionando al tiro y no podía creer que me estén viendo jugar a mí. Menos mal que jugué bien. También los saludos de Campazzo, Ginóbili y varios más a todo el equipo. Manu puso un tweet para felicitarnos a todos. Fue algo hermoso.

-Después llega la eliminación con Serbia, que en principio parecía menos que Turquía. ¿Qué les faltó para ganar ese partido?

-Ya habíamos pasado por España, Francia y Turquía que eran durísimos. Se supone que Serbia era un poco más accesible, más allá de ser una potencia. Esos chicos ese día no erraron una y nosotros creo que todavía no caíamos de lo que habíamos hecho el partido pasado. Jugamos bien igual, pero ellos metieron todas. Terminamos perdiendo por seis, fue parejo. También los árbitros cobraron algunas cosas un tanto raras. Perdíamos por diez, faltando tres minutos y te cobraban anti deportivas, técnicas, que te mata en ese momento. Estuvimos muy cerca. Si metíamos ese partido ya estábamos entre los cuatro mejores. Podía pasar. Estamos felices porque nuestro nivel se compara al de las mayores potencias del mundo. Además se armó un lindo grupo. Yo no conocía a los chicos, y a la semana ya hablaba con ellos como si los conociera hace diez años. La química que logramos creo que es lo que más rescato.

-Antes del Mundial estabas estudiando en USA, muy tranquilo. Después del torneo diste el salto al profesionalismo y te vinculaste con muchos de tus colegas y compatriotas, e incluso te hiciste amigo de ellos. ¿Dirías que el Mundial te cambió la vida?

-La verdad que sí. Cambió completamente el rumbo de mi vida y me ayudó a comenzar mi carrera, porque más allá de que estaba en una universidad no me pagaban. Ahora sí, lo que supone una responsabilidad con el club porque ya soy profesional. El básquet empieza a ser mi trabajo.

-El argentino se ilusiona mucho cada vez que ve una Selección de formativas que juega al nivel de los mejores del mundo. ¿Cómo se maneja esto ahora, con tanta gente que va a comenzar a seguirlos y a poner sus esperanzas en ustedes?

-Sabemos que la gente es así. El argentino en general es de irse por las ramas, nos causa mucha ilusión cuando sentimos que un equipo nos representa en la categoría y deporte que sea. Ahora tenemos que estar tranquilos y hacer cada uno lo mejor que pueda en sus clubes. La mayoría estamos dando nuestros primeros pasos recién. Ojalá este grupo que se armó se encuentre en unos años en la Mayor y representemos al país de la mejor manera. Es el sueño que tenemos todos.

-Yendo a la actualidad, ya te presentaste en Burgos y estás haciendo la pretemporada. ¿De qué manera vivís estos primeros días como profesional?

-Ahora mismo estamos haciendo una mini pretemporada con el equipo de Liga EBA, porque todavía con la ACB no puedo entrenar por un tema de pasaporte. Tenemos un equipo bueno, somos todos juveniles. Hay tres chicos que tienen más de 20, el resto son más chicos que yo. Vienen de todas partes de Europa, mucha variedad de cultura. Hasta ahora es muy lindo lo que estoy viviendo. Me acoplé bastante rápido porque somos muchos nuevos en el equipo.

-¿Qué se viene para vos en este primer año?

-El objetivo que me fijo a corto plazo, en mi primera temporada, es hacer un buen torneo con el equipo de EBA, llegar lo más lejos que se pueda, y meter algunos entrenamientos con ACB. Ya el año que viene, cuando se arreglen todos los papeles, hacer mi debut en la ACB sería buenísimo.

-Estás por arrancar tu etapa profesional. ¿Qué sueños tenés o qué te gustaría lograr en tu carrera?

-Siempre me puse metas grandes en mi vida. Soy ambicioso en ese sentido, me gusta pensar en grande. Obviamente, lo primero es debutar en la ACB, tener una buena temporada, jugar bien y alcanzar la Selección Mayor. Jugar un Juego Olímpico o un Mundial es el sueño más grande. Vivir esa sensación de cuando jugaban Ginóbili, Scola, Nocioni y la Generación Dorada. Vestir la camiseta y representar a la Argentina como lo hicieron ellos. Es un sueño más alejado, hay muchas cosas por vivir antes de llegar a algo tan grande. Pero como dije, me gusta ponerme esas metas. Otro sueño que tengo desde muy chiquito es la NBA. Sé que es difícil. Me encantaría hacer lo que hizo Manu, ganar todo en Europa y de ahí irme de vuelta a EEUU.

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