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El básquet como tradición: un viaje a las entrañas de la familia Cáffaro

Lunes, 28 de Junio de 2021 / Publicado en Selección Mayor Masculina, Selección Mayor, Tokio 2021
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Francisco forma parte de la delegación que entrena en Las Vegas en busca de uno de los doce pasajes para Tokio 2020 mientras sus hermanos sueñan con vestir la celeste y blanca.

Mientras Francisco Cáffaro, el hermano del medio de un tridente de hermanos basquetbolistas, se prepara para luchar por un lugar en Tokio, desde Prensa CAB nos comunicamos con sus hermanos y su mamá para percibir sus sensaciones y adentrarnos su mundo. A través de sus palabras, reconstruimos una historia que todavía tiene abundantes páginas en blanco y tinta disponible con un sueño compartido: representar juntos al país.. “El desempeño de ambos me impulsa a esforzarme aún más, para estar a su nivel y poder jugar juntos algún día. Sé que sería algo difícil y pocas veces visto, pero es un sueño que tenemos”, revela Agustín. El pequeño de la familia, Esteban, manifiesta: “Siempre hacemos chistes al respecto, sería algo muy lindo compartir un equipo o la camiseta de la Selección”.

Tres hermanos, una pasión. La misma actividad altera los latidos de cada uno de ellos. Fácil sería pensar que llevaban el básquet en las venas, que su modo de vida fue heredado y mamado desde la cuna, o que aprendieron a picar la pelota antes de comprender cómo atar sus cordones. Pero ninguna de estas teorías es acertada. Son hijos de una productora de seguros y un agricultor, y absolutamente ningún antepasado había jugado alguna vez este deporte. Piamonte, comuna ubicada en el centro-oeste de la provincia de Santa Fe, alberga alrededor de 4.000 habitantes y cero clubes de baloncesto. Allí nacieron y se criaron los Cáffaro, sin la menor idea de que convertirían su apellido en un sinónimo de básquet.

“Si me lo hubieses preguntado 15 años atrás, te habría dicho que era imposible que los tres se dediquen a esto. Piamonte es un pueblo futbolero, y al día de hoy todavía no hay un aro de básquet. Era algo impensado, utópico”, abre el juego Sandra, madre de los Cáffaro, entendiendo lo atípico del caso. Ya es particular que el trío se desempeñe en el mismo ámbito, pero más insólito es que todos pertenezcan a la elite del país. A sus 24 años, Agustín fue Subcampeón del Mundial de China 2019 y continúa siendo importante en el proceso, habiendo participado de las últimas Ventanas FIBA. Con 21 recién cumplidos, haciendo sus primeras armas en la Mayor, Francisco integra la actual Preselección en miras de los Juegos Olímpicos de Tokio. Esteban, de 18, fue el máximo goleador albiceleste en el FIBA Américas U16 desarrollado en 2019, y hoy es bien considerado en la camada que conforma la U19 aunque no participará del Mundial de Letonia.

Durante su infancia, todo transcurría con aparente normalidad. “No tengo muchos recuerdos de chico, pero dicen que yo era bastante jodido. Peleaba mucho con Francisco, y Agustín solía defenderme por ser el menor, así que el pobre Francisco siempre terminaba ligando”, enfatiza Esteban. “Sí me acuerdo de una vez en que Francisco y Agustín estaban en frente de la casa, donde teníamos una planta algo peligrosa por sus ramas secas. Estaban agarrados, pero cuando Agustín vio que se acercaban a la planta, soltó a Francisco, que se clavó una rama debajo del ojo. Zafó por poco…”, añade el adolescente. Todavía más contundente, Agustín rememora: “Éramos indios. Yo le llevo cinco años a Francisco y ocho a Esteban, entonces trataba de poner orden. Una vez, ellos jugaban en el patio haciendo un pozo, uno usaba la pala y el otro sacaba la tierra. Hasta que Francisco metió la mano y Esteban se la paleó. Tuvo suerte de que la pala era vieja y no tenía tanto filo porque le hubiera arrancado los dedos”. Consultada por esta cuestión, mamá Sandra concluye que “sería más fácil recordar cuándo no estaban mandándose alguna macana…”

Cuando el mayor finalizó la primaria, tuvo que decidir su futuro académico. Se decantó por continuar estudiando en San Jorge, donde conoció un mundo que lo atraparía para siempre. “Me topé con el básquet a los 13, casi de casualidad. Probé con la escuela técnica de San Jorge, a 60km, y fui al club de la ciudad. Siempre había hecho fútbol, tenis y hasta volley, pero me decían que por mi altura podría ser bueno en básquet. Cuando me vieron entrar, me dijeron que me sume a los entrenamientos y que no me cobrarían la cuota. Nos cerró a todos”, revive Agustín, de 2m08. Esteban se codea actualmente con los 2 metros, mientras que Francisco posee unos imponentes 2m14. “Mi vieja es bastante alta, mide 1m83. Todos en su familia son bien altos y mi papá también tiene parientes muy altos”, contaba el hermano del medio en el Twitch de CAB.

Si bien el primogénito no duró más de un semestre en aquella escuela, la intromisión en el básquet había calado hondo, y el pivote de 26 años recuerda así sus primeros pasos: “Por la falta de adaptación, volví a Piamonte, pero seguí viajando para entrenar. Dos días me sumaba con un primo que iba en auto, y el resto de la semana me alcanzaban 30km hasta Carlos Pellegrini, y me tomaba un cole. Cuando inicié, no sabía hacer ni los dos pasos, era todo nuevo. Fueron importantísimos mis entrenadores en aquel momento, como Daniel Picatto (hermano de Gabriel). En los torneos regionales, desperté el interés de algunos equipos como Libertad de Sunchales, Peñarol de Mar del Plata y San Martín de Marcos Juárez. Me probé en los tres, pero opté por San Martín porque quedaba más cerca de casa, y allí podría entrenar y hasta jugar con el plantel de Primera”.

Ya instalado en Marcos Juárez, varios aspectos fueron moldeando la vida de Agustín, pero también la de Francisco y Esteban. En lo deportivo, comenzaría a rozarse con jugadores experimentados de Primera. Desde lo afectivo, conocería a su novia Luisella, quien lo acompaña hace casi 10 años. Y desde lo familiar, empezaría a introducir a sus hermanos en este plano. “Fue un poco culpa mía, porque se estaban poniendo grandotes y yo insistí para que arranquen. En Piamonte no había básquet, pero cuando nos mudamos a El Trébol, agarraron viaje con el club Trebolense. A Francisco le costó tomar envión, pero lo inscribí en un ‘Plan Altura’ en el que le regalaron unas zapatillas, vio que había algo lindo detrás, se enganchó y empezaron los dos”, reconoce uno de los principales culpables de que Francisco hoy tenga la posibilidad de ganarse un boleto a Japón.

“Cuando empecé a mis 12 años no conocía nada, no miraba Liga ni NBA. Ya estábamos en El Trébol, y yo viajaba a Piamonte porque jugaba al fútbol, pero mis hermanos insistieron y me terminaron convenciendo”, afirma el más chico de los Cáffaro. Y reforzando la teoría, su madre Sandra argumenta: “Esteban jugó al fútbol desde los 3 años, pero cuando vinimos a El Trébol se entusiasmó con la actividad de sus hermanos y se cambió”. A partir de allí, los dos menores se sumarían a la travesía deportiva de Agustín. Y a pesar de haber sido el más reacio, Francisco captó rápidamente la atención del ambiente con su rendimiento en formativas. En 2015, fue convocado a la Selección Argentina U15, donde su físico y recursos denotaron un tremendo potencial. E incluso antes de culminar la secundaria, fue tentado por la NBA Academy para impulsar su progreso en el otro costado del mundo, Australia.

“Francisco quería evolucionar. Se presentó esta posibilidad, y yo siempre los acompaño en su progreso. Hay momentos en que extraño un montón, y hasta puedo llegar a quebrarme, pero fue una decisión de vida muy importante para su crecimiento”
, comenta Sandra en relación a la propuesta que aceptó su hijo. “La adaptación fue dura, porque el estilo de vida era muy diferente y sintió el desarraigo de sus amigos. Pero esas experiencias ayudan a abrir la cabeza, enriquecen”, agrega su mamá con una combinación de sentimientos que cautiva.

Por otro lado, tras su paso por Instituto y Sportsmen, Agustín llegaría a la Liga Nacional para defender los colores de Quimsa. Más adelante, mudó sus virtudes a Huracán de Trelew, Boca Juniors y Libertad. Posteriormente, se sumó a las filas de San Lorenzo, cruzó el charco para ascender con el Urupan uruguayo, y recaló en Regatas. En febrero de 2019, el más grande de los Cáffaro debutó con la Selección Mayor ante Puerto Rico, en las Eliminatorias para el Mundial de China. Cinco meses más tarde, viajó a los Panamericanos de Perú, y Sandra así lo recuerda: “Cuando fue citado a la Preselección, junto a su novia decidimos comprar los vuelos para ir a verlo. Ella me dijo: ‘¿Y si no queda?’ Le respondí: ‘Y si no queda, nos iremos a pasear a Lima… Por suerte, salió todo de diez”.

Finalmente, Agustín se ganó un lugar entre los convocados por Sergio Hernández para la cita mundialista. “Sinceramente, no me veía adentro, era mi primera participación en el proceso. Yo trabajaba enfocado en eso, pero sabía que debía pelearla hasta lo último”, se explaya el santafesino. Argentina sorprendió a propios y extraños al cargarse a los principales candidatos del torneo para arribar a la gran Final y, parafraseando a Oveja, ganar la medalla de Plata ante España. Agustín hace referencia a los efectos del certamen: “Cuando me tocaba entrar, sabía que debía defender, ese era mi rol. Me encontré con jugadores de otro nivel, medirme con ellos fue impactante. Pero compartir día a día con compañeros que estuvieron y actualmente están en la elite, lo fue aún más. Fue importantísimo absorber su comportamiento en la rutina diaria”.

En 2018, Francisco brilló en el Premundial de la categoría U18, liderando a la Argentina hacia el tercer puesto y siendo elegido dentro del Quinteto Ideal. Tras el torneo, fue reclutado por la Universidad de Virginia, para consagrarse campeón de la NCAA a meses de su llegada. En Norteamérica, siguió desarrollando su juego, conoció a su novia Steph, y continuó invirtiendo en su futuro estudiando las carreras de Global Social Commerce y Español. La formación académica significa mucho para los tres hermanos: Agustín es Martillero público y corredor inmobiliario y cursa actualmente Comercio Internacional, mientras que Esteban se cultiva en Nutrición Deportiva. En referencia a su personalidad, Sandra los describe de este modo: “Agustín es el más tranquilo y sereno, con una constancia y disciplina increíbles. Esteban también es sumamente organizado y responsable, jamás tuve que decirle nada. Y Francisco siempre hace un chiste y mete el bocadillo para alegrar cada reunión. Él hizo un gran cambio, porque nunca fue amigo del estudio, pero hoy es muy aplicado en eso y dedicado en el deporte”.

La familia debió adaptarse a la distancia, pero cuando se reúnen aprovechan cada segundo. “Charlan, comparten, compiten, se ríen muchísimo, y yo los disfruto un montón”, dice Sandra. Esteban cuenta que “con la partida de Francisco al exterior y los constantes viajes de Agustín con La Liga, son pocas pero únicas las veces que estamos juntos”. Las bromas y las competencias son algo común en sus encuentros, y el hermano mayor lo confirma explicando que “no pudimos compartir demasiado en casa, porque ellos arrancaron básquet cuando me había ido. Esteban es más de joder, pero el pesadito con la competencia es Francisco, con él se pone picante”. Esteban cierra la idea confesando que “hasta ahora nunca pude ganarle a Francisco en 1vs1, la última vez me liquidó. Me aconseja mucho, sobre todo en lo defensivo, porque es un toro, me demuestra que se debe jugar agresivo y siempre se puede dar un poco más”.

Tras su llegada a EE.UU., Francisco debió enfrentarse a lo más duro que puede vivir un deportista profesional, las malditas lesiones. Problemas de rodilla, luego en su cuádriceps y, por último, nuevamente su rodilla le jugaría una mala pasada. Tres operaciones y tres largas recuperaciones, todas afortunadamente superadas. En 2019, pudo participar de gran manera del Mundial U19 de Grecia, y en este 2021 es quien se encuentra ante la oportunidad no sólo de debutar con la Mayor, sino también de pelear por un puesto en los Juegos Olímpicos de Tokio. Al respecto, Agustín, que ya integró el seleccionado, comenta que “trato de no invadirlo. Entre la NBA Academy y la Universidad, está teniendo un montón de experiencias que lo profesionalizan mucho más de lo que yo pueda decirle. En cuanto a la Selección, intenté transmitirle lo básico: estar atento a lo que te piden, dar el 100% en cada entrenamiento y amistoso, y pelear por el lugar hasta el último momento. Si está en condiciones óptimas y realmente lo quiere, tiene muchas probabilidades de conseguirlo”.

Ayer Agustín, hoy Francisco, y la familia se desvive en admiración y alegría por el presente de los suyos. “Me siento muy feliz por ellos. Es algo muy loco, le pasa a muy poca gente. Creo que se lo merecen por el trabajo que hicieron todos estos años”, manifiesta Esteban. Por su parte, Sandra indica que “siento una profunda felicidad. Hacen lo mejor que pueden para sus equipos, y si eso los lleva a la Selección, es fantástico”. Los Cáffaro se ilusionan con un futuro donde puedan pisar juntos el parquet. Sería algo inédito ver a dos -o hasta tres- hermanos en nuestra Selección.

El más pequeño continúa jugando en Trebolense y, además de sus estupendas intervenciones en Selecciones formativas, fue parte de un Campus NBA llevado a cabo en Colombia en 2019, donde se dio el lujo de conocer por caso a Jamal Murray, estrella de Denver y compañero de Campazzo. “Está en muy buen nivel. La pandemia dilató algunas de sus decisiones, como irse de casa, pero tiene cualidades tremendas para explotar”, aporta Agustín. El propio Esteban menciona que “estuve algo decaído por la imposibilidad de jugar por el COVID, pero seguí entrenando y desarrollando mi físico, aunque tengo todavía aspectos técnicos por mejorar. Hoy mismo, no nos permiten entrenar en conjunto, pero al estar en el proceso de la U19, me permiten ir al club a hacer ejercicios y lanzar al aro”. El alero, que mantiene una relación de noviazgo con Micaela desde hace tres años, concurrió a las dos primeras concentraciones de los dirigidos por Farabello pero no participará del Mundial de Letonia.

Sandra, de apenas 46 años, dejó que cada uno de sus hijos escoja su camino libremente. “Mi deseo es que puedan lograr todo lo que se propongan, dentro y fuera de la cancha. En lo que elijan, tuvieron y tendrán mi apoyo. Siempre les digo que los límites están en la cabeza y que pongan el alma en lo que hagan”, declara quien predica también con el ejemplo, ya que tras 24 años ininterrumpidos trabajando en seguros, hoy atraviesa la transición a dedicarse a su casa de decoración, algo que siempre la apasionó. “Son privilegiados al tener la posibilidad de vivir de lo que aman. Y es maravilloso que no sean para nada celosos entre sí. Al contrario, se apoyan, alientan y alegran por el otro incondicionalmente”, advierte la orgullosa madre

Es imposible predecir lo que sucederá con los Cáffaro. Pero en tan sólo días, comenzará un nuevo capítulo en el libro de los oriundos de Piamonte. El escenario será Las Vegas, y el protagonista en esta ocasión será Francisco. “Siento que no voy a estar citado, porque no estuve en el proceso anterior ni tuve la oportunidad de mostrarme estas temporadas. No veo chance de que me llamen. Si cambia mi situación deportiva o si deciden citarme, voy a ir a dar lo mejor de mí”, declaraba en enero para Prensa CAB el aguerrido pivote que supo moldear su personalidad, se arriesgó a cruzar el mundo por sus sueños, y dejó atrás el sufrimiento de las lesiones. Pues la situación cambió y la decisión está tomada, llegó la hora de darlo todo. Su primera gran chance con la Selección Argentina de Mayores lo aguarda. Sin importar que sea este su momento o deba esperar algo más, tanto su hermosa familia como todos los amantes del básquet nacional estamos ansiosos por verlo triunfar.
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