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Daniel Farabello: “Siento orgullo por haber jugado con los mejores”

Jueves, 03 de Junio de 2021 / Publicado en Entrevistas, Selección Mayor
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En un nuevo “Te acordás de…”, el actual coach, antes un base completo de elegante andar, recuerda cada paso de su carrera y cómo fue estar con distintas figuras. Su análisis de la actual U19 que dirige.

“Fue un orgullo haber integrado aquellas convocatorias porque estaba junto a los mejores. Lo que siento sobre mi carrera es una tranquilidad absoluta”. Daniel Farabello llegó a la Mayor a los 19 años, integró la Generación Dorada y, hoy a sus 47, continúa aportando su impronta a la Selección, entrenando a la categoría U19 que se prepara para disputar el Mundial de Letonia a partir del 3 de julio. “Ahora me toca otro rol, distinto al de jugador. Esperamos equivocarnos lo menos posible en la definición de los 12 convocados”, declara quien conoce de primera mano la felicidad de pertenecer a un plantel nacional, pero también la tristeza por quedar fuera y el desafío que implica afrontar la situación y continuar en la búsqueda de nuevas oportunidades.

Aquel base espigado de andar elegante que nos cautivó nació y se crió en Colón, provincia de Entre Ríos, pero fue adoptado deportivamente por Cañada de Gómez, ciudad santafesina que rápidamente se convirtió en el hábitat de Farabello. El mítico Sport Club lo vio convertirse en profesional y actualmente lo disfruta como entrenador y coordinador en su semillero. El armadorde 1m94 siguió su recorrido en Andino, Boca, el multicampeón Estudiantes de Olavarría y Quilmes de Mar del Plata. Emigró a Brasil por seis meses, cruzó el Atlántico para jugar en Varese y Menorca de España para finalizar su travesía europea en el Ferrara italiano. Luego regresó al país para defender los colores de La Unión de Formosa y culminar, en 2014, una excelente trayectoria con el equipo de sus amores en el viejo TNA.

Con la albiceleste, estuvo en dos Mundiales, separados por 12 años: el de Canadá en 1994 y el de Japón 2006. También se dio el lujo de estar en Juegos Olímpicos (Atlanta 96) y fue valioso en la obtención del oro en el Premundial de Neuquén 2001. Por aquellos tiempos, fue considerado un hombre récord, ya que a principios de siglo consiguió la impresionante cifra de ocho títulos en poco más de 15 meses entre el Bataraz y la Argentina.

Dueño de un elegante, generoso y sólido estilo de juego, es uno de los mejores armadores que ha disfrutado nuestra Liga Nacional. Desde las instalaciones del Cenard, Daniel conversó con Prensa CAB sobre su pasado como jugador y un presente que lo encuentra en vísperas de un torneo trascendental. El coach nos cuenta sobre el andar de su hijo Francisco en Estados Unidos, relata por qué su comienzo en el básquet y luego en Primera fueron casi accidentales, y revive un camino rodeado de sacrificio y dedicación, mismos valores que anhela pregonar como imprescindibles en la nueva camada.

-¿Cómo recordás tus inicios deportivos? Desde aquella mudanza a un barrio de Colón cercano al club La Armonía, de donde también surgieron tu hermano Claudio y Paolo Quinteros.

-Sí, fue a mis 9 años. De chicos jugábamos todo el día al fútbol, porque vivíamos pegados a un baldío, pero con el cambio de hogar empezamos a jugar al básquet por casualidad, y ya no paramos más. Nos mudamos por un plan de viviendas donde 48 familias llegamos a unos departamentos que quedaban a media cuadra del club. En La Armonía casi no había básquet, pero luego de una colonia de vacaciones, los profes decidieron impulsarlo. Arranqué en ese momento, junto con mi hermano, un poco más grande que yo, y Paolo, algo más chico.

-A tus 16, te vas a Cañada de Gómez. Contame sobre tu ingreso al profesionalismo en Sport y aquellos Carasucias que impactaron a todos por juventud, talento y un estilo espectacular.

-En esa época, Sport era un lugar muy importante como cantera de jóvenes. En 1990, mi padre me mandó a un campus de una semana que había en el club, y desde aquella prueba me quedé. Estuve un año y medio como juvenil y, por un problema de dinero, el club apostó a los pibes, todos entre 17 y 18 años. Era la primera temporada de Sergio Hernández como entrenador principal, y estaban Jorge Epifanio y dos extranjeros. No nos tenían fe, pero hicimos una primera Liga tremenda, quedando quintos y sorprendiendo a más de uno. Fue un inicio inesperado, tuvimos que saltar a la cancha de golpe, pero estuvimos a la altura. Por suerte, Ale Montecchia, Gaby Díaz, Maxi Reale, Mauri Hedman y todos los chicos estábamos preparados, y por eso tuvimos también un buen futuro. Ese fue el inicio de nuestra carrera profesional.

-Luego fuiste a Andino de la Rioja, donde conociste a un joven Ginóbili. ¿Qué recordás de ese año junto a Manu?

-Sport vendió la plaza y a mí me adquiere Andino, que jugaba su segundo año en la Liga Nacional con Huevo Sánchez como entrenador. Éramos varios los nuevos, entre ellos Manu y Jasen. El equipo me recordaba mucho a Sport, y Manu era un pibe que trabajaba muchísimo, que al principio no tenía tantos minutos, pero de a poco se los fue ganando. Nadie, pero nadie, se imaginaba la semejante carrera que luego hizo ese monstruo. Tenía condiciones, pero era un juvenil como muchos que había en la Liga. De a poco fue trazando y logrando objetivos, y creo que no le fue muy mal que digamos, ja.

-Hablanos de aquel Estudiantes, donde ganaste dos Ligas Nacionales, Copa de Campeones, Panamericano de Clubes, Liga Sudamericana y Sudamericano de Clubes. Podría decirse que alcanzaste el techo en el plano nacional. ¿Fue ahí tu mejor nivel?

-A nivel títulos, te puedo decir que sí, pero tuve una carrera bastante regular. La primera temporada en Andino, el primer año en Boca y la Liga que jugué con Quilmes estuvieron muy bien, pero los dos en Olavarría fueron espectaculares en lo colectivo. Sin comenzar como candidatos, nos fuimos afianzando, formamos un equipo muy lindo de ver, y personalmente tuve la posibilidad de ser campeón por primera vez en esa final durísima con Atenas.

-En Quilmes brillaste, y desde ahí emigraste al Vasco da Gama...

-En realidad, al finalizar la temporada en Quilmes, me llaman del Varese de Italia, pero debía primero tramitar la ciudadanía. El club me estaba ayudando para terminarlos, pero eran demasiados papeles que tardaban mucho. Mientras tanto, se me dio la chance de ir a jugar a Brasil por unos meses, entonces pedí autorización al club italiano y me lo permitieron. Jugué el torneo estatal de Brasil, con Hélio Rubens de DT y Carlos Duro de asistente. Al terminar, ya estaba prácticamente lista mi ciudadanía, así que retorné a Varese para iniciar mi vida allá.

-Desde 2003, jugaste tres temporadas en Varese, una en ACB con Menorca y otras cuatro en el Ferrara italiano consiguiendo un ascenso. Fueron ocho años en Europa, nada fácil de lograr y sostener. ¿Cómo fue aquella etapa en el exterior?

-Fueron momentos hermosos, una experiencia muy importante para mí tanto en lo deportivo como en lo social. Me hubiese gustado jugar una Euroliga, pero no tuve la oportunidad. Aun así, estoy muy satisfecho con mi paso por Europa y mi carrera en general.

-Contale a los chicos que no te vieron qué tipo de base fuiste.

-No me gusta mucho hablar de mí, pero creo que fui un armador de juego, me preocupaba mucho hacer jugar al equipo, era mi característica y función principal. Tenía buena intuición en defensa y era considerado de los mejores robadores de pelotas a nivel nacional. También podía anotar, así que era un base bastante completo, alto para el puesto y con buena visión de juego.

-Pasemos a la Selección. Debutás en el Premundial de Puerto Rico 93, participás del Mundial de Canadá 94 y luego de la cita olímpica en Atlanta 96. ¿Cómo viviste aquellos primeros torneos en donde eras la nueva joya del básquet nacional?

-Fue algo sorpresivo, porque venía de quedar afuera del Panamericano U22 de Rosario. Luego, Vecchio me lleva al Mundial U23 de España, y como también era entrenador de la Mayor, me dijo que tenía la posibilidad de sumarme. Empecé con 19 años, y de a poco me fui ganando el lugar. Llegué a un equipo de experiencia, con leyendas como Montenegro, Milanesio, Espil, De La Fuente, Osella, Romano y el Gallo Pérez. Mi etapa arrancó muy bien, consiguiendo la clasificación al Mundial de Canadá y ganándole el tercer puesto a Brasil, una sensación increíble.

-Has comentado que tu gran año fue el 2001, no sólo por lo conseguido con Estudiantes, sino también por los títulos en el Sudamericano de Chile y el Premundial en Neuquén. Estuviste en el recambio generacional de la Selección. ¿Te sentís parte de la Generación Dorada?

-Precisamente, esa fue la transición de aquel antiguo seleccionado a los pibes que luego conformaron la Generación Dorada. Se conformó un plantel de 20 o 25 jugadores con un nivel y hambre de gloria impresionantes, y creo que hice mi contribución. Había que ganarse el puesto, a veces me tocaba estar y en otras no, pero siempre entrené al 100%. Esa era una de las características que tenía aquel grupo, que cada uno entregaba todo y había que esforzarse muchísimo para quedar, y por eso se mejoraba constantemente.

-Estuviste en la preselección para el Mundial de Indianápolis 2002, entrenaste incluso con problemas en las uñas de tu pie, y quedaste cerca de quedar. ¿Qué sentís al revivirlo?

-Todas las noches apoyo la cabeza en la almohada con la tranquilidad de haber dado todo. No me permitía faltar a un entrenamiento, porque sabía que me jugaba el puesto y no podía fallar en nada. Tenía que esforzarme más allá de mis posibilidades, e incluso eso podía no alcanzar, porque el resto era mejor o se había esforzado de la misma manera. Cuando quedé en la Selección, no pedí explicaciones y, al ser cortado, tampoco las necesité. En el momento en que uno acepta integrar una preselección, debe entender que puede quedar fuera. Y todo su esfuerzo y dedicación debe ser por el bien del equipo, como lo hicimos nosotros.

-Continuaste siendo parte del proceso de la GD y en 2006 viajaste al Mundial de Japón, sin jugar porque Pepe se quedaba con casi todos los minutos y luego estaba Prigioni. Fue tu última experiencia con la Selección…

-También formar parte de ese equipo fue un privilegio. Eran entrenadores diferentes, que jugaban con menos jugadores de los que utilizaban Magnano, Lamas o Vecchio, lo cual era sumamente aceptable. Disfruté y sufrí mucho desde el banco. Lógicamente, a todos nos gusta jugar, pero sabía bien cuál era mi rol y había que respetarlo.

-Al finalizar como jugador te pasaste enseguida a ser entrenador. Dijiste que te retirabas para tener tiempo libre, pero a partir de allí tuviste menos tiempo que nunca, ¿puede ser?

-Ja, totalmente. Tal vez tenía uno o dos años más para jugar, pero pensé que retirándome podría disfrutar de otras cosas. Empecé con inferiores y luego tomé la primera de Sport para disputar Liga Provincial y Torneo Federal. No tenía tiempo, porque también era coordinador y me gustaba estar siempre. En la semana, estaba con los chicos de Escuelita -de 4 o 5 años-, y me quedaba hasta el horario de Primera. Los sábados jugaba el masculino y los domingos el femenino, así que pasaba todos mis días en el club. Pero lo disfruto un montón, es lo que me gusta hacer. Me encanta entrenar en distintas edades, porque cada categoría tiene lo suyo y uno siempre continúa aprendiendo.

-Según tus palabras, tu mejor entrenador fue Sergio Hernández, quien te conoce de chico. ¿Qué sentís hoy al prácticamente compartir un lugar de trabajo con él? ¿Cómo es el Farabello entrenador? ¿Es parecido a Oveja?

-Se aprende y se rescatan las cosas buenas y no tan buenas de todos. Tuve la fortuna de tener a los mejores a nivel nacional. Oveja es uno de los que más me conoce, y me identifico mucho con su juego. También creo que uno se tiene que adaptar a la cantidad y calidad de sus jugadores. Por más de que uno tenga una filosofía elegida, depende mucho del plantel del cual dispongas.

-Hablame de tu hijo Francisco. ¿En cuánto de su juego se parece a vos?

-Francisco es más de organizar que de tomar iniciativa, en eso se parece mucho a mi estilo de juego. A veces, creo que hasta se preocupa demasiado por el resto del equipo, porque tiene características ofensivas que puede aprovechar todavía más. Tomó la decisión de irse a la universidad, sobre todo, por un pedido de su madre, quien le dijo que si no estudiaba no lo dejaría irse de casa. En ese sentido, está más presionado por ella que por mí… (se ríe). Pienso que fue una movida acertada, está muy bien en TCU (Texas Christian University), donde estudia y juega. Cuando finalice su cuarto año universitario, deberá plantearse su futuro.

-¿Cómo se dio la posibilidad de ser coach de una Selección argentina? ¿Y cómo te has sentido?

-Comencé en 2016, con el cuerpo técnico de la U14, que en ese momento tenía a Gustavo Fernández como entrenador. Hace unos cuatros años quedé a cargo, con Juan Manuel Gattone como ayudante, y es una experiencia que estoy disfrutando muchísimo. Tuvimos nuestra primera competencia oficial con la camada 2002 y jugamos en 2018 un muy buen torneo en el TBF de Turquía. Y tuvimos nuestra primera competencia oficial siendo subcampeones del Sudamericano U17 de Chile 2019. El año pasado se suspendió la actividad por la pandemia y no pudimos participar del Panamericano y ahora estamos pensando en Letonia.

-¿Qué tipo de equipo es esta preselección U19 y a qué podemos aspirar en el Mundial?

-Nos tocó una zona muy dura, pero esperamos hacer un buen papel y ser competitivos. Prácticamente no hubo competencia en los últimos dos años, entonces es difícil plantear expectativas concretas. Hay incertidumbre en cuanto a cómo llegan los equipos, así que los resultados dirán dónde estamos parados. Tenemos una base con grandes perimetrales y, si bien somos conscientes de no poseer tanta talla, también hay piezas importantes en el juego interior. La idea es ser dinámicos, con posesiones cortas y de transición, porque se nos hará difícil anotar en el ataque fijo. Buscaremos nuestra propia identidad, correr mucho e intentar anotar rápido. Al llegar al torneo y observar a los rivales, analizaremos si debemos o no modificar algo.

-Jugaste por 13 años en la Mayor, y hoy sos fundamental en la formación de la nueva camada. ¿Qué significa para vos la Selección Argentina?

-Es el sueño de todo jugador y entrenador. Representar al país en un Sudamericano, Panamericano, Mundial, Juego Olímpico o hasta en un amistoso, es el mayor orgullo que existe. Es el lugar donde muchos aspiran, pero no cualquiera llega. No hay secretos, hay que trabajar duro. Hay mucha dedicación y sacrificio en el camino, pero el sentimiento de vestir la camiseta argentina es único.

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